



Fernando VII, a principios del siglo XIX, encargó construir para recreo de Isabel II, un edificio de estilo persa, que la reina utilizó como pabellón de caza y reuniones en la entonces finca de la Casa Real. Al donar la Corona al pueblo de Madrid el Parque del Buen Retiro, aquel antiguo pabellón pasó por diversas vicisitudes; primero fue capilla, después al principio del siglo XX, balneario, para ya a mediados del mismo dar definitivamente sus primeros pasos como sala de fiestas.
Desde aquellos ya lejanos años hasta nuestras fechas el pueblo de Madrid y sus visitantes han encontrado aquí un excelente lugar de recreo, donde disfrutar de las mejores atracciones artísticas de cada momento, asi como un lugar ideal donde celebrar grandes fiestas.